miércoles, 12 de mayo de 2010

En una de las últimas semanas del curso...

Delineando entre Hans Selye y el convulso s.XIX, o viceversa…

Lo mejor de hacer trabajos es lo mucho que se aprende. Lo peor, es que siempre falta tiempo para profundizar en ciertos temas… Algo que tendré que aplazar para más adelante si realmente quiero conocer más, es decir, si con lo que he conocido no me conformo. Cosa que suele sucederme sobre todo ante ciertos contenidos que interesan, que suscitan curiosidad y dan, además, oportunidad de crear vínculos con otras áreas. Vínculos entre lo que se sabía y lo que se sabe, suelen ser vínculos más interiores; personales, o a nivel cultural. O vínculos entre lo que se era y lo que se es, pueden ser también personales o en referente a ciertos acontecimientos históricos. Estableciendo diferencias entre estos vínculos se pueden observar varias cosas, entre ellas; si hay algún tipo de cambio o no. En ocasiones percibiremos un cambio abismal, en otras, diremos que estamos “casi” igual. Solo que unos años más allá.


Me gusta aprender leyendo. Porque en muchas ocasiones, también se puede experimentar, reflexionar sobre lo que conocemos y lo que se está trabajando, sobre todo al tratar temas que dan pie a la reflexión, que invitan a hacernos preguntas, estos me gustan más que aquellos que se limitan a dar, por decirlo de alguna manera: respuestas “cerradas”.

Y aunque sea para conocer que nuestros pasos no han sido tan agigantados como parecen ser... Lo importante es que se ha aprendido a ver que no somos tan grandes como pensamos, creemos o intuíamos. No basta con oírlo, hay también que verlo, leerlo y reflexionar sobre ello. Y no solo me refiero al individuo La semana anterior fue bastante densa, quizá por ello pueda escribir más. Dos presentaciones, lecturas, un ensayo y algún que otro trabajo individual. Ingredientes suficientes para varias cosas, entre ellas:

    --> Poner en marcha aquellas habilidades que nos permiten organizarnos tanto temporal como espacialmente.
    --> Poner a prueba nuestros nervios, experimentarlos e intentar controlarlos.
    --> Realizar distinciones entre leer y explicar. Escribir y hablar.
    --> Armonizar ideas con el grupo. Contrastar contenidos, escuchar y expresar ideas.
  --> Gestionar el propio ritmo de trabajo, labrar el proceso y reflexionar sobre el mismo.


Si todo esto desembocase en una palabra que me pidiesen escribir, tendría que escribir la palabra APRENDER. Diría que todos aquellos ingredientes que puedan parecer agentes estresantes, que no son de primera mano bien tomados por el esfuerzo que suponen y que se muestra hacia ellos cierto vértigo “no vaya a ser que al utilizarlos resulte que no se sepan cocinar y… menuda indigestión cognitiva!”, son agentes “llave”, si bien activadores de cierto estrés, también para descubrir puertas a nuevos conocimientos.

Volviendo a las exposiciones de clase. Dos para esta semana, la primera sobre el estrés, conductas de salud y personalidad. La segunda sobre la Constitución de 1876, el debate político sobre la “libertad de enseñanza” que despertó el art. 11 de la misma condicionando la del 12, relacionado con la educación y la reforma del bachillerato de A. Groizard (1894)

Me ha resultado curioso conocer que el vocablo “estrés” fue acuñado por Hans Selye, quien comenzó a escribir sobre él en 1936, aunque asentando más el término con una de sus publicaciones en 1950 “Estrés: un estudio sobre la ansiedad” El estrés no era considerado como hoy en día se entiende dentro de nuestro vocabulario cotidiano. Se distinguió como un proceso de activación ante una situación de alarma. De esta manera, el organismo estaría activado para enfrentarse a la situación desarrollando una conducta. Algo importante es que esa activación en el organismo es buena para reaccionar, pero no lo es tanto si se prolonga en el tiempo. Se crearía una resistencia y un posterior agotamiento.

Es relativamente fácil de entender, todo organismo tiene cierta resistencia, no podemos mentaner una constante tensión (activación)

Por ejemplo, un ejercicio físico podremos soportarlo en mayor o menor medida, pero no eternamente. Llegaría un momento en que nos vendríamos abajo, y muy posiblemente nuestro cuerpo se viese perjudicado; pulsaciones, respiraciones, tensión muscular… Con el estrés puede pasar algo parecido.

  
Pero, ¿cómo “entrenar” esa resistencia para hacernos más vulnerables al estrés? Creo que la clave no está en entrenar la resistencia, sino nuestra percepción. Porque aunque existan situaciones que se den a nivel inconsciente, serán nuestras interpretaciones lo que nos hará percibirlas con un mayor o menor grado de estrés.


Lógicamente hay situaciones en las que, por mucho que seamos capaces de realizar esta acción, no dejan de ser situaciones ideales para consumir nuestra resistencia y entregarnos al posterior agotamiento, una de ellas podría ser quizá encontrarse durante en un lugar (el desierto) bajo una temperatura extrema, sin sombra donde cobijarnos ni agua para hidratarnos. En cambio, si existiese una sombra o un lago, tendríamos opciones a desarrollar una conducta (respuesta) ante las altas temperaturas (situación de activación). Lo lógico y racional en este caso sería dirigirnos (desplazar nuestro cuerpo) hacia lugares donde la sensación términca sea menor. Al menos considero que sería la respuesta más adaptativa.

Pero, ¿qué ocurre cuando la respuesta “más adaptativa” no reside en desplazar nuestro cuerpo hacia un determinado lugar, sino en colocar nuestras sensaciones (miedo, nervios, inseguridad…) hacia un estado más controlado? Parece que pasamos a un plano más mental. 
Cuando se está realizando una exposición en clase, los nervios, no dominar plenamente el contenido o la propia multitud de gente, pueden ser activadores del estrés. Pero hay que canalizarlo. Físicamente contamos con algunas limitaciones para disminuir la sensación estresante. Podemos sentarnos o ubicarnos en un lugar donde estemos más “seguros”. Pero mentalmente podemos hacer mucho más. Considero que la clave está en elaborar en ese mismo momento el contexto. (Entiendo contexto como las relaciones que se establecen con los objetos del entorno, siendo estos objetos las personas, el inmobiliario nuestras ideas o el propio espacio… No entiendo contexto como sinónimo de entorno, ni de ambiente, ni de espacio)

Dependiendo de cómo se estructure el contexto, disminuirá o aumentará la sensación de control de la situación donde percibimos ciertos agentes que “nos estresan”.
Lo he podido aplicar esta semana. Realmente era como aprender sobre lo que estaba pensando que debía hacer. Aunque en ocasiones no ha sido fácil. Controlar el tono de voz y el espacio en el que nos movemos son factores clave, útiles para muchas cosas. Pueden utilizarse como llamadas de atención, para integrar a los asistentes, para despertar curiosidad ante lo que se transmite....
¡Cómo cambia la orientación de lo expuesto según dónde y cómo te sitúes!

                  

Pero aún así, no siempre gestionaremos igual el contexto, pues difícilmente están presentes las mismas variables de la misma manera. La posición cambiante de cada una puede, en cierto modo, desorientarnos y llevarnos a establecer conexiones que percibamos como “inestables”. Por ejemplo: en una exposición ante un grupo reducido de personas, participativas, interesadas por lo que se expone, y donde controlamos en cierto modo el contenido, podríamos decir que los factores estresantes pueden ser más manejables.

Pero la misma situación, en el mismo lugar y variando la última parte, donde no sintamos control absoluto sobre lo que hablamos, puede llevarnos a percibir la situación mucho más “inestable”.
Realmente es un tema interesante, al menos aviva mi curiosidad. Es un tema para profundizar con más tiempo.

Curioso también todo el S.XIX que nos precede. Nunca lo había estudiado tan a fondo.
Entonces no existía el término “estrés”, en cambio hoy en día podría decirse que más de una situación estresante se vivió… consecuencia de los cambios que se produjeron y la manera tan rápida en que se sucedían, la inestabilidad de muchos de estos cambios en el tiempo, la mejor o peor aceptación de los mismos por la sociedad…
La educación, como era de esperar, también sufrió estos cambios. Muchas de las cuestiones y debates que surgieron entonces, podemos encontrarlos hoy en día. Asuntos sin resolver. ¿Diálogo o toma de decisiones?
¿Fruto de lo heredado o fantasmas del S. XIX que vívidamente se pasean dos siglos después?

1 comentarios:

x dijo...

Hola:

He leído tus letras, palabras. Escuchando la música del video anterior.

Cuánto cambia el contenido, si añado este elemento musical.

Se suman dos lenguajes, e incluso se multiplican. Aquí otro nuevo lenguaje, el matemático.

Aprender de forma transdisciplinar como has elaborado tu texto. Dándole mayor peso relevante.

Aún más transcendental la información, con esa vivencia de canalizar las emociones, gestionar los contextos. Plasmarlo por escrito para que perdure y edifique para tí y los otros.

Gracias por ello, por tus larguísimas horas de creadora, por innovar tecnológicamente y personalmente.POR APORTARME.

Un abrazo

Publicar un comentario