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jueves, 11 de febrero de 2010

micro-MACRO mundo de mi yo

(Escrito: 7-02-2010)

Vaya lecturas con las que mi razón ha pugnado este fin de semana… :)

Menos mal que mi mente estaba en sobre aviso ("prepara la mochila con municiones suficientes que tienes que hacer un viaje, y quizá sea largo…")

He de reconocer que las había leído “a vista de pájaro”, y he de reconocer también que ese vistazo no me sirvió de nada para comprender la esencia del texto, y menos si tenía en cuenta los títulos que iban apareciendo… jajaja… Qué locura…

Me ha resultado curioso cómo a primera vista no encontraba sentido a ningún epígrafe y una vez leído el texto que lo desarrollaba era capaz de darle significado, no sólo por lo que se podía obtener de la lectura, sino también porque viajaban frases similares por mi mente, y si esto sucedía, era porque algo de lo que había leído había hecho funcionar no sé qué cosa en mi cabeza.

Tratar de ser consciente al construir cierto significado en un momento puntual o ser consciente de que estás entendiendo y comprendiendo lo que lees, puede ser algo relativamente “sencillo” de hacer. Pero lo que pasa realmente a nivel microscópico… eso no lo podemos hacer consciente!

Al finalizar la lectura esta escena se reprodujo en mi cabeza:




Paciente: Doctor, tengo un problema. Estoy seguro de ser víctima de un problema de entendimiento.

Doctor: De qué problema me habla.

P: Mi yo no me entiende

D: Ahora mismo somos dos los que no le entendemos

P: Está bien, sumemos… supongamos que somos… 4 los que no me entienden

D: ¿Por qué cuatro?

P: ¿Usted cuando se pregunta siempre obtiene una respuesta? ¿Cuántas posibles soluciones puede dar ante una situación? ¿Cuántos puntos de vista es capaz de adoptar?

D: Pues…

P: No me conteste; más de uno!! Suficiente para contar con al menos dos, y otros dos míos, por supuesto, suman cuatro. Cuatro “yos” pensantes que no me entienden…

D: ¿y cómo pretende que solucionemos esto?

P: No lo sé, por eso he venido…

D: ahora el problema lo tengo yo… (¿Yo?)

P: ¿Está seguro?

D: Usted me cuenta que no se entiende, me hace ver que yo tampoco le entiendo, y que otro yo que sigo siendo yo mismo, tampoco… No sólo eso, sino que tanto usted como su… “usted” tampoco se entienden. Creo que el problema es más de comunicación que de entendimiento.

P: En absoluto!! Me ha entendido perfectamente, no puede ser fallo de comunicación, Ahora el fallo lo está viviendo usted también.

D: Paciente, tengo un problema. Creo que yo también estoy siendo víctima de un problema de entendimiento.

 Doctor y paciente: (…)


P: Quizá sea producto de un pensamiento complejo.

D: Parece como si miles de átomos chocasen continuamente en mi cabeza, descontroladamente… Mi yo interno le pregunta a mi yo externo, ¿pero desde cuándo se ve algo así? Creo que la percepción me está jugando una mala pasada…

P: Gracias doctor.

D: ¿Gracias por qué?

P: Porque creo haber encontrado la solución a mi problema. No es cosa mía que no me entienda yo, ni de nadie…. Es cosa de los átomos, micro-partículas impersonales son las que dan vida a mi problema personal… no las puedo controlar, ni siquiera sé si se mueven bajo conciencia… Se acabaron las preocupaciones, ya ha tomado mi yo demasiadas decisiones. Que tenga un buen día señor.

D: … se acabaron…. las preocupaciones???? … Un buen día? … Un momento, ¿Qué significa tener un buen día?




Mi yo “interior” en ocasiones se encapricha por ver a mi cabeza pululando en este tipo de apuros… Aturdida.

(Un momento, un revisor viene a pedirnos el billete de “doble supervivencia”)
...

Dice que no hay problema, que compartimos asiento bajo el principio de dispersión… en fin…


“Esperamos que disfrute del viaje y los asientos sean de su comodidad, se les recuerda a los pasajeros que guarden silencio en tiempo de parada… Que deleiten de un agradable y buen viaje…”

(…)

Nuestras reflexiones pueden zafarse caprichosamente de nosotros, para cuestionarnos sobre nosotros mismos… llegaremos (o no) a la conclusión de que somos un ser de materia perecedera, materia que se traslada a lo largo del tiempo titilando por el espacio.

Pero… ¿y de manera inversa?... nuestro ser de materia perecedera no puede pensar así (ni de ninguna manera) sobre nuestras reflexiones.

Pero... yendo más allá…. nuestras reflexiones, pueden llegar a ser tan complejas que llegan a cuestionarse a si mismas, y llegar a la conclusión (o no) de que no pueden desprenderse de esa materia sobre la que piensan… No pueden vivir sin ella, ni viceversa…

No sé si sería justo decir que “yo pienso así” porque le estaría quitando protagonismo a la perceptibilidad de mi conciencia… Pero tanto ella como yo "sabemos" que somos indisolubles…



viernes, 5 de febrero de 2010

De la película "Secretos del corazón"

(Escrito el 25-Diciembre-2009)

Si observamos a Javi, podemos apreciar que va cambiando a lo largo del tiempo.
Para darnos cuenta de lo que le va ocurriendo a Javi en cuanto a su desarrollo personal, debemos prestar atención a los hechos que le suceden a lo largo de la película y no entenderlos de manera aislada, sino relacionada.
Es posible que no hagamos una buena organización de los hechos y puede que no seamos capaces de explicarlo para verlo de forma clara. Precisamente eso es le ocurre a Javi en un principio; no sabe organizar sus vivencias.

Hemos de ser conscientes de lo que nosotros mismos estamos haciendo o tratamos de hacer, del proceso que estamos llevando a cabo para ofrecer una explicación. De esta manera, entenderemos qué es lo que está pasando con Javi, porque es precisamente lo que nosotros hacemos al tratar de darle sentido al caso.
Los hechos no ocurren de manera aislada, hay que conectarlos. ¿Cómo los conecta Javi? Desde su propio conocimiento. Las explicaciones que construye, las realiza gracias a las “herramientas” de las que dispone. Estas herramientas se irán tornando más complejas según vaya sumando experiencias, y con ellas se hará más compleja también la manera en que conecte los hechos
Va sumando experiencias y va buscando respuestas a sus preguntas.
¿Cómo podemos “conectar” nosotros? Al igual que Javi, con “herramientas” que conozcamos. Pueden ser teorías, explicaciones o incluso conexiones que hagamos con nuestras vivencias personales. Todas ellas serán también más complejas cuantas más sean las conexiones que hagamos.
Tratar de explicar el caso desde nuestra perspectiva requiere una serie de implicaciones conscientes por nuestra parte, y algo que hemos de tener presente en este proceso son los límites a establecer, el entorno en el que vamos a centrar nuestra observación. Si reducimos los límites, perderemos de vista muchos elementos que nos pueden ser de sutil relevancia.
Vemos que Javi cambia, percibimos que “se desarrolla” y que no es el mismo al final que al comienzo de la película, pero ¿por qué? Podría decirse que pasa de tener un pensamiento mágico a uno más lógico
Todo lo misterioso le atrae. Él, si no es porque la razón lógica lo revela, contempla todo con un pensamiento mágico que le permite fantasear en un mundo en el que, para él, no habría otra manera de explicar los hechos…

Pero poco a poco, el pulso constante que mantiene su pensamiento, mágico, fantástico… se ve conquistado por otro tipo de pensamiento, más razonal, más lógico… un pensamiento que además, parece compartir el resto de personas mayores que él.

Una forma de pensar que le permite, poco a poco, relacionar los hechos de manera distinta.
En términos “Piagetianos” diríamos que pasa del estadio “preoperacional” al “operacional”.
Pero haber enmarcado el caso en estos términos, a pesar de suponer un paso, es un paso intermedio. Podríamos ir más allá si tratásemos de respondernos a la pregunta ¿Cómo se está dando esa transición? Podríamos pensar que hay un momento decisivo, puntual.

A pesar de caber dentro de las posibilidades, hemos de ser conscientes que en toda transición hay varios momentos significativos que nos permiten ir realizando el conocimiento, la clave está en quién y cómo lo está conectando.
El niño es “presa” de su percepción, está sujeto a lo que vive en el momento. Hay una serie de secretos de demanda ambiental como son la muerte, la sexualidad, la violencia… que Javi, al toparse con ellos, explica primeramente con magia.
Lo que poco a poco va haciendo son inferencias abductivas.
Por ejemplo, si conecta la muerte de su padre con la de su vecina, podrá ir dando sentido a lo que ocurre. Finalmente va haciendo conexiones que le permiten ir construyendo significados nuevos a los que él conservaba. Así podemos ver la característica dinámica del significado. Un significado cambiará según el uso que se haga de él (Peirce) y vemos cómo el significado de los hechos para Javi, van cambiando.
Para un niño pequeño, todas las experiencias están aisladas y, al no decirle las cosas de manera explícita, ha de ir infiriendo.

En un principio, desde el pensamiento mágico, no podrá hacerlo, porque esta forma de pensar no está relacionada con la “realidad objetiva”.

Llegados a este punto, cabría preguntarse si existe una “realidad subjetiva”, ¿podría ser esta el mapa mental que cada persona ha ido construyendo a partir de sus vivencias y a partir del cual interpreta y ve la realidad desde sí mismo? Javi ve la realidad de una manera, y su hermano mayor lo hace de otra. La misma realidad vista con diferentes ojos. ¿Qué papel juega su hermano a efectos de su desarrollo? Podría definirse como un “préstamo de conciencia”, es decir, va ayudando a Javi a realizar las conexiones.
Una anécdota a resaltar de la película, entre muchas otras que podrían destacarse, es cuando, al final de la misma, en la representación de la obra teatral, el hermano de Javi es castigado y anulado de hacer su papel; el protagonista. El proceso de cómo Javi actúa para quitar al sustituto de su hermano y abrir así paso para que sea su hermano quien lo haga es un reflejo de cómo se ha desarrollado más el pensamiento lógico
Ha ido tejiendo sólidas estructuras mentales que le han permitido cruzar puentes que antes no podía cruzar, enfrentarse a miedos que no podía entender y deshilar telarañas que no le dejaban conectar los puntos clave de su existencia

miércoles, 6 de enero de 2010

Juego con "Yo"

Día a día nos desenvolvemos en diferentes espacios; en nuestra casa, en el trabajo, en clase, en la calle, en un evento… diferentes escenarios que se visten con trajes galardonados con diferentes etiquetas. Distintos espacios donde se respiran ambientes diferentes.

Cada uno de ellos con sus características, las cuales nos permiten hacer diferencias entre unos y otros, pero esas características, no sólo se dan por el ambiente, sino también por las actividades que nosotros desarrollamos en él. Estas actividades estarán en mayor o menor medida regidas por una serie de normas. Bien impuestas, bien implícitas, bien en base a nuestros principios…

Y cómo conectemos los diferentes espacios, dependerá de nosotros. No podemos estar en dos sitios a la vez. Dos sitios distintos, no pueden estar en un mismo espacio. No podremos estar en la calle y en el trabajo simultáneamente. Aunque cabría destacar que, si por ejemplo, nuestro trabajo se desarrollase en la calle (repartir publicidad) será diferente cuando estemos trabajando a cuando estemos paseando, ya que normalmente no iremos repartiendo publicidad mientras paseamos.

Dos actividades diferentes pueden hacer de un mismo lugar, dos escenarios distintos.

Todos los espacios en los que vivimos, forman parte de nuestras experiencias. Y cabría destacar que poseemos una facultad humana por la cual estando en un lugar, podemos recordar otro, lo cual nos facilita el poder realizar conexiones entre distintos escenarios.




Todas y cada una de las situaciones son como una puesta a prueba de nosotros mismos. Un billete con destino a nuestro “yo” si aceptamos la reflexión como moneda de pago. De nuestra mano está también pagar por adelantado; reflexionar sobre nosotros mismos sin que se dé ninguna situación que lo desencadene.

Pero claro… la reflexión que hagamos no se procesará de igual manera en todos los individuos, existirán diferencias.

Cómo y qué nos preguntemos será clave, pero más aún lo será si somos capaces de dar respuesta al por qué de cada uno de nuestros actos y no actos para así intentar llegar a “conocernos”.

Aunque supongo que no únicamente vale con ponernos a examen, ¿Somos conscientes mientras nos evaluamos de si estamos sujetos a la percepción que tenemos de nosotros mismos? ¿Somos conscientes de si estamos sujetos a la percepción que los demás tienen de nosotros?

¿Somos capaces de desligarnos de todas esas percepciones para tantear a nuestro yo…?


Comienza el juego, nosotros mismos y nuestro yo, descontextualizados para contextualizarse.
¿En qué tablero, en qué escenario?
Cuando una partida comienza, la razón tira los dados y el yo mueve las fichas.
La moral pone las reglas, y la conciencia, atenta al movimiento se pregunta, “¿Qué es yo?”
Despacio, da la vuelta a su carta y… ¡¡un comodín, sí señor!!
Pero… La partida no está ganada, el comodín invita a meditar más… “¿qué es yo?”
Según cómo se plantee la jugada… podrá ser real, o pura ilusión.


Qué complejos son los sistemas si nos planteamos examinarlos con atención.
Qué complejo es un sistema que alberga sistemas conectados.
Qué complejos los pequeños sistemas que pertenecen a sistemas superiores…
Qué complejos nosotros mismos como sistema…
Qué complejo mi yo conexionado.
Qué simple el sonido yo.
¿Es ilusión?
¿Es real?
 Yo

sábado, 19 de diciembre de 2009

JOVEN AMANECER

El tiempo parecía no transcurrir allí, en aquella vieja y exigua estación situada a las afueras del pueblo. Un lugar poco habitado donde solía reinar la soledad. Rodeada de algún que otro árbol tan longevo como ella, formando en conjunto un paisaje insólito. Hace posiblemente mucho tiempo, fue condecorada con un reloj, hoy por hoy antiguo y oxidado que marca eternamente las 3:00. Sus desgastadas manillas dieron por finalizado a esa hora su incansable baile. Ese baile que parecía eterno, quedó eternamente parado.

Resplandece en ella una chispeante luz proveniente de un farolillo. Al lado opuesto del mismo, se acomoda otro exactamente igual, solo que roto, producto quizá de alguna inoportuna e imberbe travesura. A pesar de ello, era un lugar tranquilo donde presidía la calma. Quietud que reposaba sobre unas vías férreas semejantes a dos líneas infinitas y paralelas que se extendían por el suelo más allá de lo que la vista alcanzaba a ver. Lejanía y frialdad; dos palabras que definían aquellas líneas de hierro.

Aquella madrugada, a las 5:00 alguien se alojaría allí por un instante, por un momento…

Los 8 ºC de temperatura no hacían de ella un lugar acogedor, más bien todo lo contrario. Pero con esa fría temperatura es como nació el crepúsculo matutino aquella mañana de septiembre. Despuntando con un ambiente donde podía advertirse algo de niebla encargada de arropar con delicadeza el rocío que la noche había dejado.

Al menos, los dos bancos que allí había eran de madera y Clara se pudo sentar en unos de ellos, el otro estaba roto. Miró a su alrededor, respiró hondo, guardó el aire durante un segundo y soltó el aire de golpe. Parecía guardar en su interior un peso grande del que no era consciente. Trató de esconder su garganta y parte de su rostro tras la bufanda que su abuela había tejido para ella. Allí no había nadie. Mientras, se concentró en escuchar cómo se alejaba poco a poco el ronco ruido que hacía el motor de la furgoneta de su padre, quien la había llevado hasta allí antes de entrar a trabajar en la panadería. El motor susurraba a lo lejos… hasta que dejó de oírse… Estaba sola. Estaba ella consigo misma.



Hacía mucho frío, cosa que le hizo recordar la tacita de café caliente que su madre todas las mañanas preparaba. Recordó en especial el café que aquella mañana le calentó las manos… ¡qué bien le vendría una de aquellas tacitas con café!... Fue cuestión de segundos para que le invadiese un sentimiento de nostalgia hacia aquellas deliciosas tacitas ¿Cómo sería a partir de ahora?
El tren tenía prevista su salida a las 5:30, por lo que minutos antes debía de aparecer en la estación. Posiblemente fuesen las 5:10, pero Clara no lo sabía, no tenía reloj y el de la estación estaba parado.

Pensó por un momento sacar uno de aquellos libros que llevaba en su equipaje de mano y que tanto le gustaban, pero decidió no hacerlo. Tenía frío y sería mejor guardar sus manos en los guantes y esconderlas así en los bolsillos de su abrigo.
Tenía 16 años y quería estudiar veterinaria. Siempre le habían fascinado los animales. Soñaba con tener su propia clínica en el pueblo, la más cercana estaba a 12Km. En el pueblo donde ella vivía, los animales eran una de las maneras con la que sus habitantes se ganaban la vida, por lo que mucha gente los tenía.

Siempre había dicho que quería estudiar en la ciudad, pero su familia nunca terminaba de convencerse y trataban de pactar con el tiempo con un “ya veremos”. Pero la hora había llegado. Sus padres preferían que no se hubiese ido, pero por otro lado, entendían que allí no podía alcanzar su meta, su sueño. Les tranquilizaba pensar que viviría en casa de una de sus tías, que, a pesar de no verla demasiado, era familia. Allí, en la ciudad, cursaría bachillerato y finalmente accedería a la carrera que ella tanto deseaba. Siempre quedaría el verano y las vacaciones para volver al pueblo donde… Un momento… Clara nunca había salido del pueblo… Y esto era algo que en cierto modo le inquietaba…

Tenía en la cabeza la despedida de su familia, su abuela, su padre, su madre… Aquella mañana su madre se levantó mucho antes de lo normal para preparar el desayuno y arreglar parte del equipaje para Clara.

Desayunaron todos juntos, como de costumbre, pero el ambiente que se respiraba era distinto… Clara estaba muy ilusionada y no entendía el comportamiento de sus padres. No entendía cómo su madre, al despedirse, era capaz de mostrarse triste y feliz. Sonreía y lloraba. Le dedicaba tiernas palabras acompañadas de un sinfín de consejos y un continuo “llámame en cuanto llegues”… ¿Cómo podía sentir alegría y tristeza a la vez?

Clara se mostraba entusiasmada, quitándole importancia a las preocupaciones de su madre y respondiéndola con un “Sí mamá, no te preocupes, te llamaré en cuanto llegue, te llamaré todos los días… ¡y deja de darme consejos que no soy un bebé!” Su abuela se mostraba algo impaciente, pero se la veía tranquila y su padre se limitaba a equilibrar la tensión que aquella situación desprendía. Él expresaba menos que su madre, pero sentía todo cuando ella decía, y con esa carga de emoción fue el “Ten cuidado y llama a mamá cuando llegues.” Con el que se despidió de ella en la estación junto con un templado beso en la mejilla de la joven Clara.

El tren tenía que estar a punto de llegar… Entre el frío y la inquietud Clara había perdido por completo la noción del tiempo y deseaba ansiosamente la llegada del tren. Con su rostro medio escondido tras la bufanda, soplaba desde dentro para darse calorcito en la cara, sentía la nariz muy fría y pensaba que seguramente la tenía roja. Entretanto, comenzó a distinguir una luz que poco a poco se aproximaba. Era el tren. Sintió un escalofrío por el cuerpo. Aquella luz era señal de que su hora de partir se acercaba.

Se puso en pie y cogió su equipaje. Pareció pesarle más de lo que creía recordar y pensó que sería posiblemente debido a la sensación de frío que tenía.

Finalmente una vieja locomotora paró frente a ella. Tras haberse familiarizado con aquella estación tan desierta, el estruendo de aquella máquina no parecía encajar mucho allí, pero no importaba demasiado… sólo sería un momento, un instante…

Al entrar en el tren, advirtió una agradable temperatura y tomó asiento, el vagón estaba vacío. Se quitó los guantes y bufanda para acomodarse mejor. Estaba algo nerviosa. Miró por la ventana, allí quedaba la estación. Abrió su equipaje para escoger un libro que le sirviese de compañía en el trayecto.

Al abrir la bolsa y revolver en ella para coger el libro, vio la comida que su madre le había preparado, el monedero que su abuela le había tejido en su color favorito, el pan que su padre hacía con sus propias manos en la panadería, alguna que otra fotografía familiar…

Se paró por un momento y volvió a mirar a través de la ventana. Observó aquella vieja estación donde había estado esperando al tren casi sin ser consciente de ello. Sonó el silbato y su cuerpo se estremeció… Se dio cuenta de que en su maleta no sólo había objetos, cosas que podía ver y tocar… No sólo viajaba con ella lo que llevaba guardado en su bolsa, también iban con ella sus recuerdos, sus vivencias… Y a pesar de especular siempre el futuro, en aquel momento, volvió la vista atrás.

Retrocedió en el tiempo viviendo en un presente que vuela hacia un futuro que no espera.

¿Cómo podía sentir alegría y tristeza a la vez? Por fin lo sintió, por fin lo entendió, y no pudo evitar desencarcelar las lágrimas que por tristeza y alegría, brotaron de sus ojos.

Miriam Gómez.





viernes, 11 de diciembre de 2009

Mapa y campo ¿cómo construimos?

Cambios, inferencias, vivencias, abducciones, “turning points”, signos, significados, interpretaciones, mapas, fantasía, realidad…

Hemos ido viendo cómo cada “etapa evolutiva”, dependiendo de la teoría en que nos situemos, cuenta con una serie de características.
Características que guardan relación principalmente con el desarrollo individual, con las experiencias, y más aún, con la forma en que se viven y da sentido a esas experiencias.
Probablemente sea gracias a la observación de estas características, lo que haya hecho viable la categorización en las distintas etapas. Es decir, al observar varios patrones de comportamiento o actuaciones que se repiten en distintos individuos que no tienen relación entre sí, pero que mantienen en común una edad similar, ha sido clave para “delimitar” una etapa…

¿O más que en las características generales observables dentro de la etapa se han observado las características que se van produciendo en el momento del cambio?




 
Si tratamos de observar el “momento de cambio”, posiblemente no conoceremos de una manera precisa y certera cuándo se produce ese cambio. Sino que podremos ir suponiendo qué momentos pueden ser decisivos, o pueden estar dotados de cierta importancia para que se produzca la transición. Momentos que ayudan además a percibir mejor el carácter progresivo del cambio.La manera en que cada persona va dando forma y sentido a sus experiencias vitales es posiblemente un proceso que se da, en el mayor de los casos, de manera inconsciente.




Aunque en ocasiones seamos conscientes de nuestras vivencias, el consciente no actúa para “explicarnos” qué está pasando realmente… quizá por no ser necesario, quizá porque ni siquiera nos lo planteamos… y aunque nos lo planteásemos; ¿cómo saber realmente qué nos va pasando en cada momento? No es una tarea fácil. Es como tratar de vernos desde el punto de vista de un observador y un entrevistador a la vez siendo nosotros mismos el sujeto… Tres en uno.



 A lo largo de estos días voy leyendo artículos, tomando notas en clase, reflexionando sobre los temas que se plantean y pensando “a ver si saco un rato para escribir en el blog”, pero cada vez que me sentaba delante del ordenador, no sabía qué escribir… pues nada… pensaba que habría que esperar a que mis ideas (las que surgen cuando no estoy delante del ordenador) le concedan una cita a alguno de ese momentos en que me siento delante del ordenador y surja algo... y… Tachán!! Aquí está este post!!

Por fin mis ideas y el momento parecen haber coincidido, y además, se han presentado unos artículos de manera imprevista que han ayudado a crear esta entrada.
 He leído algunas ideas de Kurt Lewin (1890-1947, psicólogo de la primera escuela de la Gestalt de Alemania) sobre su Teoría del Campo. Es interesante lo que plantea. Expone que “el comportamiento depende de la persona y de su ambiente (…) Es necesario conocer los elementos del ambiente y personales en interacción de un niño para comprender su conducta”, supongo que he de entender como “persona” no al individuo en sí, si no a los “patrones mentales” de ese individuo. Esta teoría tiene en cuenta las diferencias que existen entre los individuos (persona) además de las características culturales (ambiente), lo cual puede explicar, por ejemplo, las diferencias entre adolescentes de diferentes culturas.

Pero para ayudarse a definir la totalidad de los hechos que determinan la conducta de un individuo en un momento determinado, introduce el concepto de espacio vital. Tratándose éste del ambiente de la persona tal como lo percibe subjetivamente, es decir, su campo. Un espacio que contiene TODO lo que afecta al sujeto. En principio se sirve de esta teoría para “predecir” razonablemente qué hará el individuo, si bien es cierto que trataba de centrarse en las metas y deseos en relación con la personalidad.

 
Pero no dejan de ser interesantes sus ideas del campo vital ya que pueden estar, y supongo que están, bastante relacionadas con el mapa mental.

El mapa mental de cada individuo es personal e intransferible, y el campo vital también. Aunque podríamos observar (desde fuera) y tratar de reconstruir ese mapa y ese campo. Con ello, procuraríamos comprender cómo interactúa el mapa mental en el campo subjetivo, y viceversa. Y estimar si existe esta interacción y en qué medida lo hace, podría servir para conocer otro espacio desde el que construir nuestro mapa. ¿Hasta qué punto se condicionan el uno al otro?

Quizá si conociésemos bien estas dos dimensiones, podríamos conocer mejor cómo cada individuo va construyendo desde su propio campo, su propio mapa.

Cómo va realizando sus inferencias y va construyendo las conexiones y puentes que puedan resultar necesarios no sólo dentro del mapa, sino también entre el mapa y el campo, podrían ser puntos interesantes a conocer.

 
Una vez llegado aquí, me pregunto ¿Dónde estarían los límites? ¿Cómo sabemos qué está en el mapa y qué en el campo?

¿Y si tanto cuesta delimitar no será porque es algo que se encuentra en continuo movimiento dentro de un espacio abierto que se resiste a ser delimitado?




martes, 20 de octubre de 2009

Me autocuestiono

¿Cuál es tu nombre?
Miriam.

¿Elegiste tú el nombre?
No, yo no lo elegí, la elección fue de mis padres.

¿Qué otras cosas crees que elegían tus padres en aquel momento? Todo. Siendo bebé, no estaba preparada para elegir. Ellos me daban la comida que mejor creían, me ponían la ropa que ellos compraban, los juguetes que ellos también elegían, si me dejaban en la cuna o me metían en la cama, si me abrigaban más o menos… elegían todo.

¿Cuándo crees que comienzas a elegir algo? Pues… por ejemplo, recuerdo cuando le dije a mi madre que me enseñase a leer, antes de ir al colegio. Elegí yo que quería leer, no lo eligió nadie por mí.
También recuerdo cuando dije que quería tocar el piano, lo elegí yo, no lo eligieron por mí. Pero todo lo demás seguía quedando en mano de mis padres. No cambiaba demasiado la situación. Simplemente les podía expresar algunas ideas, pero eran ellos quienes evaluaban y decidían si se llevaban a cabo o no y cómo.

Cuando empezaste a ir al colegio, ¿elegiste ir al colegio? No, eso no lo elegí yo, y tampoco sé si lo eligieron mis padres… Sí eligieron el colegio. El centro donde iba a estudiar. Un colegio público en el mismo barrio donde me he criado, a dos manzanas del piso en el que entonces vivía.

Mientras cursabas Secundaria ¿elegías las mismas cosas que cuando cursabas párvulos? No, claro que no. En este momento la balanza de elección va cogiendo peso en mi lado, pero creo que no queda equilibrada. Comienzo a elegir la ropa, qué comidas me gustan más o menos, si me duermo a una hora u otra… Pero todo pasa por el “visto bueno” de mis padres. Obviamente, es un momento difícil, porque es una edad en la que padres e hijos parecen no entenderse… Un tira y afloja continuo.

Hoy por hoy, ¿Cómo se encuentra esa balanza de elección? ¿Valdría equilibrada como respuesta? No en el sentido que las decisiones se tomen al 50%. Mi sensación de equilibrio viene por compensar mis decisiones con sus consejos.

No obstante, no siempre puedo elegir lo que quiera, mi decisión podrá verse delimitada por agentes externos... Por ejemplo; dependiendo de la nota de selectividad que se obtenga, se tendrá acceso a unas carreras u otras. Si mi nota es baja, no podré elegir una carrera que, por mucho que me guste y quiera, exija una nota de corte alta. Otro ejemplo; si quiero ir en autobús a algún sitio, no puedo cogerlo cuando quiera, tendré que elegir el horario que mejor se adapte a mis necesidades.
Estas realidades externas, que forman parte de la sociedad en que vivimos, nos "condicionan” en ciertas situaciones. Harán que en cierto modo sintamos que limitan nuestra libertad de elección pero, no obstante, nos plantearán nuevos escenarios en los que tendremos que adoptar una postura u otra, tomar una decisión.


He tratado de elaborar las respuestas lo más generales posibles, sin hacer distinción entre los tipos de decisiones que podríamos ir tomando (supongo que no es lo mismo elegir qué comemos hoy a elegir qué estudiamos) Si cada persona respondiese a estas preguntas, posiblemente los resultados serían bastante dispares. Pero quizá haya algunos puntos en común. Coincidiremos en que cuando somos bebés, nuestros padres toman todas las decisiones por nosotros y, llega un momento, en el que somos nosotros los que vamos gestionando nuestras decisiones. Nos basaremos en nuestros principios, nuestras aspiraciones, nuestras experiencias...

¿Acaso no es interesante, a la par de complejo, cómo va sucediéndose esa autonomía a lo largo de nuestro desarrollo?

sábado, 17 de octubre de 2009

El tiempo...

El tiempo. ¿Progresivo, estático, lineal… o pura ilusión?

Es indiscutible que la palabra tiempo la usamos en innumerables expresiones como;
“No tengo tiempo”
“Cuánto tiempo hace”
“En otros tiempos”
“Cómo corre el tiempo”

Hay algo a lo que denominamos “tiempo”, pero… no lo podemos ver ni tocar, no podemos percibirlo, y ni siquiera nos damos cuenta de si existe o no, a no ser que nos paremos a reflexionar sobre el mismo.
Es un término difícil de definir, pero muy arraigado al ser humano. Supongo, que es un término más “accesible” para el adulto, ya que creo haber leído sobre Piaget, que las nociones de tiempo en el niño surgen y se desarrollan muy lentamente, tanto que en sus diez primeros años de vida le cuesta hacerse a la idea sobre el desarrollo del tiempo.

Recuerdo una anécdota personal referida al tiempo. Estudiaba bachiller, llegué tarde a clase, la profesora me mandó a secretaría donde el profesor de guardia tendría que anotarme, y una vez hecho esto, tenía que volver a clase. Al llegar a secretaría me encontré con mi profesor de matemáticas. Le comenté la situación y me dijo que no le parecía bien apuntarme por llegar tarde, más cuando él no creía eso. Le dije que me debía apuntar, ya que era como así querían que fuese, a lo que me contestó “de acuerdo, yo te apunto si quieres, pero que sepas que el tiempo no existe” Me sonrió, y siguió con su trabajo.

Recuerdo cómo esa frase resonaba en mi cabeza mientras subía las escaleras dirección al aula. Nunca antes me había planteado tal asunto y fue un dato sobre el que fui reflexionando. Hasta tal punto de plantearme si existía o no el tiempo como tal ¿Qué es el tiempo?

Otra situación en la que reflexioné acerca de este factor, fue hace unos 10 años. Tuve que retrasar el reloj 5 horas al bajarme de un avión. Pensé que si los relojes no hubiesen existido en aquel momento, entonces siempre hubiese pensado que la “cantidad” de tiempo hasta aquel día vivido, no aumentó ni disminuyó por el hecho de viajar. Pero el reloj que vestía mi muñeca no decía lo mismo, de un segundo a otro, pasó a marcar 5 horas menos. Reflexionar sobre este hecho, producía en mi cabeza una rara sensación, parecía como si hubiese vuelto hacia atrás en el tiempo, mientras seguía hacia delante en el mismo.

Hemos medido el tiempo en un sistema sexagesimal, obteniendo así las horas, minutos y segundos que nos ayudan a saber el momento en el que estamos, creo que en el fondo, nos ayudan a organizarnos.

He visto una entrevista en la que Julian Barbour, físico y escritor de Oxford, explica desde su punto de vista, que el tiempo no existe, que lo que realmente percibimos es el cambio. Afirma que nuestro cerebro no percibe el tiempo, sino los cambios que se van produciendo. ¿Tendrá que ver esto con el desarrollo?

Creo que, como vimos en clase, el desarrollo se
provee de una serie de cambios, y estos cambios van marcando etapas. Pero si tratamos de estudiar los cambios y la “distancia” que hay entre ellos, supongo que tener en cuenta el “tiempo” será importante, y posiblemente nos ayude a establecer ciertas fases o períodos. Para esto, podremos usar el tiempo a modo de “medida”. Lo cual nos ayudará a organizar los cambios que sean objeto de estudio.

Pienso que el tiempo es algo relativo y que dependiendo de la perspectiva de la cual nos posicionemos, lo veremos de manera diferente.

Podría parecer que el tiempo visto desde la física no es lo mismo que desde la psicología, ¿o sí?