sábado, 17 de octubre de 2009

El tiempo...

El tiempo. ¿Progresivo, estático, lineal… o pura ilusión?

Es indiscutible que la palabra tiempo la usamos en innumerables expresiones como;
“No tengo tiempo”
“Cuánto tiempo hace”
“En otros tiempos”
“Cómo corre el tiempo”

Hay algo a lo que denominamos “tiempo”, pero… no lo podemos ver ni tocar, no podemos percibirlo, y ni siquiera nos damos cuenta de si existe o no, a no ser que nos paremos a reflexionar sobre el mismo.
Es un término difícil de definir, pero muy arraigado al ser humano. Supongo, que es un término más “accesible” para el adulto, ya que creo haber leído sobre Piaget, que las nociones de tiempo en el niño surgen y se desarrollan muy lentamente, tanto que en sus diez primeros años de vida le cuesta hacerse a la idea sobre el desarrollo del tiempo.

Recuerdo una anécdota personal referida al tiempo. Estudiaba bachiller, llegué tarde a clase, la profesora me mandó a secretaría donde el profesor de guardia tendría que anotarme, y una vez hecho esto, tenía que volver a clase. Al llegar a secretaría me encontré con mi profesor de matemáticas. Le comenté la situación y me dijo que no le parecía bien apuntarme por llegar tarde, más cuando él no creía eso. Le dije que me debía apuntar, ya que era como así querían que fuese, a lo que me contestó “de acuerdo, yo te apunto si quieres, pero que sepas que el tiempo no existe” Me sonrió, y siguió con su trabajo.

Recuerdo cómo esa frase resonaba en mi cabeza mientras subía las escaleras dirección al aula. Nunca antes me había planteado tal asunto y fue un dato sobre el que fui reflexionando. Hasta tal punto de plantearme si existía o no el tiempo como tal ¿Qué es el tiempo?

Otra situación en la que reflexioné acerca de este factor, fue hace unos 10 años. Tuve que retrasar el reloj 5 horas al bajarme de un avión. Pensé que si los relojes no hubiesen existido en aquel momento, entonces siempre hubiese pensado que la “cantidad” de tiempo hasta aquel día vivido, no aumentó ni disminuyó por el hecho de viajar. Pero el reloj que vestía mi muñeca no decía lo mismo, de un segundo a otro, pasó a marcar 5 horas menos. Reflexionar sobre este hecho, producía en mi cabeza una rara sensación, parecía como si hubiese vuelto hacia atrás en el tiempo, mientras seguía hacia delante en el mismo.

Hemos medido el tiempo en un sistema sexagesimal, obteniendo así las horas, minutos y segundos que nos ayudan a saber el momento en el que estamos, creo que en el fondo, nos ayudan a organizarnos.

He visto una entrevista en la que Julian Barbour, físico y escritor de Oxford, explica desde su punto de vista, que el tiempo no existe, que lo que realmente percibimos es el cambio. Afirma que nuestro cerebro no percibe el tiempo, sino los cambios que se van produciendo. ¿Tendrá que ver esto con el desarrollo?

Creo que, como vimos en clase, el desarrollo se
provee de una serie de cambios, y estos cambios van marcando etapas. Pero si tratamos de estudiar los cambios y la “distancia” que hay entre ellos, supongo que tener en cuenta el “tiempo” será importante, y posiblemente nos ayude a establecer ciertas fases o períodos. Para esto, podremos usar el tiempo a modo de “medida”. Lo cual nos ayudará a organizar los cambios que sean objeto de estudio.

Pienso que el tiempo es algo relativo y que dependiendo de la perspectiva de la cual nos posicionemos, lo veremos de manera diferente.

Podría parecer que el tiempo visto desde la física no es lo mismo que desde la psicología, ¿o sí?

1 comentarios:

Alejandro dijo...

Hola Miriam

Escelente formato del blog y aún más excelente contenido.

El tema que planteas es fundamental para la psicología del desarrollo. No creo que la noción del tiempo que hay desde la física sea muy diferente al de la psicología. El tema es que el tiempo, como toda percepción, no deja de ser una construcción, una ilusión, y por ello no deja de ser algo relativo.

La materia, el espacio y el tiempo están muy ligados entre sí. Lo que tienen en común, como creo que intuyes a partir de lo que has escrito, es qué diferenciamos, qué hace diferencia para nosotros. Sólo dependiendo de nuestra distinciones logramos tener información. De nuestras distinciones y de cómo relacionamos o conectamos nuestras distinciones. Una manera usar las distinciones es midiendo. Y para medir usaremos algún instrumento de medida o estándar (objetivo o subjetivo). Por ejemplo si estás esperando en una cola medirás el tiempo de manera diferente a si estás en una fiesta o viendo una película o serie que te interese, o si estás meditando. En términos objetivos el tiempo es el mismo, en términos subjetivos no, y eso tiene repercusiones en qué significa ese tiempo para nosotros. Pero también en cómo diferentemente lo estamos midiendo. En la cola, probablemente hagas mayor cantidad de mediciones (cada diez segundos verás qué horas es para comprobar qué poco ha avanzado) que en las otras situaciones. En la cola puede que estés más pendiente de otras cosas que harás después, o que tienes que hacer. Estarás midiendo la situación respecto otras situaciones posibles en las que te gustaría o tendrías que estar. Es posible, bastante posible que no hagas esto en las otras situaciones, lo que también hará que la percepción del tiempo cambie. Cómo gestionas la situación es diferente y de ahí la percepción temporal.

Otra diferencia es cómo te percibes a ti en la situación. Puede que seas más consciente de ti en la cola (sobre todo si te vas tensando) y muy poco consciente de ti, en las otras situaciones.

Otro ejemplo más ligado al desarrollo. Tengo amigos que tienen hijos y amigos que no (de hecho yo me cuento entre estos últimos). El paso del tiempo no lo vivimos igual, o no lo viven igual. Las personas que tienen hijos tienen un recordatorio del paso del tiempo con sus hijos, con cómo van cambiando. Los adultos aparentemente no cambiamos tanto en cinco años, como cambia un recién nacido hasta los cinco años (no sólo cambia él, cambia el sistema familiar con él). De nuevo muchas diferencias acumuladas que comparadas y contrastadas entre sí generan más información de contraste.

Pero de nuevo, la clave no es el tiempo en sí, sino cómo se gestiona, como se organiza, con qué se contrasta, cómo se mide. Son esos escurridizos procesos los que pueden hacer una diferencia.

Mañana puede ser una eternidad para un niño de 5 años (para quien eso significa mucho tiempo) en comparación con un adolescente o un adulto. De nuevo, no por el tiempo en sí, sino con cuál es su significado en términos de experiencia personal, con qué se contrasta, cómo se organiza, etc...

Hay un libro bastante bueno sobre este tema, que fue bastante célebre hace unos años, "Tiempo, espacio y medicina", trataré de fotocopiarte algunas partes. Además, bastante relacionado está el concepto de Flujo o Flow, que no sé si conoces.

Muy buenas intuiciones, sobre todo al centrarte en el tema de la importancia de la medida.

Ya seguiremos

Alejandro

Publicar un comentario