Casi dos meses. Hace casi dos meses que publiqué mi última entrada-video.
Dos meses! Pero cómo pasa el tiempo! Qué locura! Y yo pensando todos los días “Tengo que escribir en el blog, de esta semana no puede pasar”. Realmente lo vivo como si estuviese continuamente escribiendo, pero quien lo vea desde fuera no pensará otra cosa más que soy una desertada del blog o que escribo cada muuuuuuuuucho tiempo. Y lo mejor de todo, es que desde el punto de vista más objetivo, es verdad :)
Con esta entrada pretendo concentrar una de las muchas reflexiones que más me ha intrigado.
El vídeo del anterior post terminaba con la palabra “transiciones” (previa al continuará;) Ésta es una de las palabrejas que me ha tenido entretenida. Sin buscar sobre ella, ni informarme demasiado (todo hay que decirlo) me ha dado muuucho que pensar. Porque aunque no la hemos trabajado de manera explícita… Creo que no la hemos dejado nunca de lado, estamos con/en ella continuamente. Y es que transitamos. Transitamos de aquí para allá, y no sólo físicamente, que también, sino psicológicamente. Creo que son un punto clave para “que lo anterior desemboque en lo siguiente”.
Cuando se da un cambio de contexto, hay una transición. Cuando “salimos” de un conflicto, se ha dado una transición. Cuando se produce un cambio, ha habido una transición… Son parte del proceso de desarrollo a la vez que podrían verse como un proceso en sí mismo.Algo que me gusta pensar es que existen muchos tipos de transiciones. Y no me refiero a que sean diferentes de unas personas a otras, sino en uno mismo. Otro dato relevante es que cada una lleva su tiempo. Puede que sean rápidas o, por el contrario, se desplieguen en largos espacios temporales. Entiendo que dependerá de la naturaleza del contexto, conflicto o situación a la vez de cómo se viva lo que nos hace “transitar”. En cierto modo la transición obedecerá a la importancia que tenga para la persona y los mecanismos que ponga en marcha para llevarla a cabo. Obviamente, cuanto más consciente se sea, y más cosas se logre notar y analizar, podrá en cierto modo “manejar” la trayectoria (¿Dejarse llevar o remar hacia la orilla que queremos conquistar? ¿Dirigido o auto-dirigido?) lo cual queda íntimamente ligado a la capacidad de desprenderse de uno mismo para ver la experiencia desde perspectivas en las que nos encontremos menos sujetos.
Creo que en parte forman parte del proceso de enseñanza-aprendizaje, no sólo del nivel cognitivo-conceptual, sino de niveles emocionales.
Si de una transición se sale “fortalecido”, habiendo sido más bien consciente del proceso, puede que ese proceso sea aplicable (o no) a otra situación similar. Es decir, podremos evaluar nuestro propio proceso y saber si volverlo a utilizarlo o no, y cómo hacerlo, porque hemos pasado por él sabiendo que estábamos en él. Es como un aprendizaje hacia nosotros mismos. Cosa que dependerá, intuyo, de la capacidad individual de cada uno para auto-observarse y analizar qué está sintiendo en cada momento y a qué le está llevando su base epistemológica.
Considero que son un buen momento para indagar en muchos de los principios que creemos tener seguros, porque de ésta manera se podrán asegurar aún más o modificarse para estar en equilibrio y caminar así de manera más firme.
Me gusta reflexionar sobre éste proceso, lo percibo complejo y profundo a la par de delicado.
Me gusta tanto que voy a cambiar la expresión “estoy pensando” por “estoy transitando”

0 comentarios:
Publicar un comentario