lunes, 1 de marzo de 2010

El dulce secreto del silencio

Tenía pensado escribir antes y después de los encuentros, pero por falta de tiempo para ello, me conformaré con hacerlo después :)
Son ya cuatro los encuentros de innovación que se han dado, éste último en Guadalajara.

Han sido dos días. Aparentemente poco tiempo, pero cómo se han desarrollado y todo lo que en ellos se ha experimentado, ha hecho que se vivieran de manera muy intensa. Al menos así lo he vivido yo. Intenso por la carga de realidades que en ellos he tenido que tramitar; nervios, ilusión, desafío, alegría, entusiasmo, incertidumbre, exaltación…

El primer día (Miércoles, 24-Febrero-2010) estuvimos atendiendo a las exposiciones desde la butaca. Por un lado estaba tranquila y disfrutando de lo que allí se estaba planteando, viendo la implicación de alumnos y profesores, conociendo otros puntos de vista, otras opiniones y otros procesos. Por otro lado, me encontraba observando el espacio, tratando de “interiorizarlo” para conocerlo mejor. Para familiarizarme con él por lo que al día siguiente tenía que hacer.

En el grupo, llevábamos semanas recopilando ideas, intercambiando impresiones, organizando el qué… pero nunca supimos cómo iba a ser hasta que llegó el momento.

Esa misma tarde de miércoles, día previo a nuestra exposición, nos juntamos para afianzar algunas cosas, sabíamos lo que queríamos hacer y expresar, pero lo difícil era cómo.

Cómo organizarnos, qué hacer y en qué momento…

Me planteaba qué directrices eran las que teníamos que marcar para organizarnos. No es fácil, y más si se trata de una representación en grupo en la que cada uno debía sentirse libre de expresar lo que sintiese en el momento. Expresando libremente lo que había vivido y lo que estaba viviendo, sin olvidar el proceso, ni el desarrollo, ni la interacción, ni a nosotros mismos como alumnos de ambas asignaturas…

Para organizarnos finalmente, obviamos el cómo y nos centramos en el qué. Y así fue. Nos pusimos de acuerdo en qué; por dónde sube cada uno, dónde nos encontramos, en qué momento nos movemos… pero cómo llega cada uno hasta el lugar, cómo se mueve cada uno, cómo cada uno se baja del escenario, cómo… era algo que quedaba subordinado a directrices internas de cada uno en el momento del acto.


El cómo era impredecible antes de actuar.

Casi hasta el día antes de la actuación dudamos si apoyar la puesta en escena con una breve exposición verbal, más formal y explícita, o no hacerlo. La puesta en escena la íbamos a hacer, pero subirnos y sentarnos después a explicitar verbalmente… no lo teníamos tan claro.

Finalmente nos decantamos por hacerla, por hablar y exponer qué habíamos hecho, en base a qué y cómo. Cómo se habían trabajado las asignaturas, cómo nos habíamos evaluado y cómo habíamos visto y vivido nosotros todo aquello.
Desde luego que esto tampoco fue tarea fácil, había que sintetizar bastante ya que no disponíamos de mucho tiempo y era mucho con lo que contábamos. Optamos por acompañar nuestra explicación verbal con un power point, eligiendo cuidadosamente las imágenes y el texto que se iban a mostrar para apoyar lo que decíamos, para que existiese un referente visual que se integrase con nuestra voz. Aunque no sé realmente si esto fue así o viceversa…

Una vez acordado, sellamos con nuestro convencimiento lo que íbamos a hacer al día siguiente.

Llegó el día. (Jueves 25-Febrero-2010)

Era por la mañana. Carmen, Belén y yo nos encontrábamos en el taller que desarrolló Tim Ingarfield. Precisamente trabajó el qué, el cómo y el por qué… con un claro ejemplo que explicitó procesos que normalmente no se es consciente de ellos.

A día de hoy, aquello me hizo pensar sobre lo que nosotros hicimos. Y ver lo aplicable que es el qué, cómo y por qué de manera transversal en el medio. Apreciar que es adaptable casi a cualquier situación.
Aquella mañana del Jueves, volvía a encontrarme sentada en una de aquellas butacas, pero era diferente. No estaba tan tranquila como el día anterior. A pesar de estar inmersa en el taller, había pequeños momentos en que mi mente me jugaba alguna que otra mala pasada (“¿y si no se entiende lo que hacemos?” “¿y si no se abren los archivos?” “¿y si no cuadran las imágenes con la música?” “¿y si no hay tiempo?” “¿y si…?”), qué ganas me entraban de salir a correr o saltar hasta tranquilizarme, en ocasiones sentía rebosar energía a pesar del agotamiento, pero ya que no podía hacer eso, me trataba de “auto-regular” a través de ejercicio mental y no físico, pensando “bueno, dará tiempo. Está más o menos controlado, ahora no puedo hacer nada que cambie lo que vamos a hacer después. Lo que ocurra será en el momento y no previo a él, así que… al taller”


Me gustó la manera en que Tim explicitó los factores que se dan para que se produzca el aprendizaje, la importancia de los refuerzos negativos y lo clave que es sentirse perdido y saber inspeccionar la duda y confusión ante situaciones que no entendemos, clave para despertar curiosidad; clave para aprender.
A lo largo del taller, llega un punto en que trabajamos por pequeños grupos… Estuvimos tres alumnas y tres docentes. Teníamos que rellenar un cuadro y responder unas preguntas para posteriormente trabajarlo en gran grupo.

Nosotros comenzamos a hablar sobre las jornadas, lo que habíamos visto y cómo lo habíamos visto, nos centramos bastante en la evaluación y tratamos también la forma en que se abordaron las exposiciones hechas hasta el momento.

Lo que hicimos, me recordó bastante al examen de Psicología de la infancia y la adolescencia y a la auto-evaluación de Diseño, desarrollo e innovación del curriculum, teníamos unas preguntas que bien podíamos ir respondiendo o bien tomarlas como guía para elaborar un texto, libertad para escoger por dónde viajar…

En nuestro grupo habíamos hablado mucho y escrito más bien poco, jaja… pero ahí estábamos, intercambiando opiniones de lo más variadas.

Entre ellas destaco una que hizo que mi mente se tambalease. Uno de los docentes defendía que las exposiciones debían de seguir más bien cierto protocolo, que al encontrarnos en un congreso, había ciertas normas que asumir y llevar a cabo, una buena expresión verbal y un buen control del tiempo; clave.

En ese momento nosotras como alumnas y en vistas a lo que posteriormente íbamos a hacer entrecruzamos cómplices miradas, mezcla de “Espera entonces a ver nuestra exposición…” y mezcla de “¿Acertaremos en hacer lo que hemos preparado?” Jajaja…
Intentamos explicarle cómo veíamos nosotras aquello. Primeramente proponiendo que se podían expresar vivencias a través de otras formas que no fuese la palabra oral, como pueden ser la música, la pintura, la danza, la imagen, la expresión corporal, la palabra escrita, el movimiento... Y que si se trataba de unas jornadas en que el lema era dejar hablar al alumno con cierta libertad para que expusiese su vivencia… ¿por qué aferrarse a un protocolo si al final la vivencia de cada uno es personal?


Entretanto llega la hora de comer. No tenía hambre. Mi necesidad se centraba en comprobar los archivos, comprobar que todo funcionaba. Sentía constantemente las ganas de salir a correr, de saltar, de gritar… pero no lo hice. Si lo hubiese hecho me hubiese desmayado. Había dormido más bien poco y en el fondo estaba cansada, pero los nervios me mantenían despierta. Encendí el ordenador mientras Belén bajó a por algo para comer. Respiré hondo y fui abriendo los archivos… Todo bien… menos el audio.
El sonido no era limpio, se escuchaba fatal y podía ser por dos razones; o bien se había estropeado el archivo, o bien se habían estropeado los altavoces del ordenador… (vaya momento…) Supuse que sería el ordenador porque abriendo más archivos, avisté que sonaban todos igual de mal.

Así que ya no necesitaba comprobarlo en el ordenador. Mi necesidad creció a tener que comprobarlo en la sala y esto iba a ser más complicado, porque estaba cerrada y no había ningún responsable. Estaba nerviosa aunque tratase de no exteriorizarlo, pero tener en la cabeza la más ínfima idea de que igual no sonaba bien el audio en la exposición… la verdad es que no ayudaba a tranquilizarme.

Seguía sin hambre, no me entraba ni una miga de pan.

De repente abrieron la puerta de la sala. Era la persona responsable de las grabaciones, eureka!! Se nos abría una puerta hacia la comprobación!! Nos dejó comprobar los archivos y pudimos ver y pisar el escenario, tomar contacto con el espacio. El archivo sonaba bien… qué tranquilidad.

En ese momento me hubiese desplomado en el suelo y hubiese entrado en un profundo sueño. Pero me conformé con disolverme en el tiempo y mantenerme sentada encima del escenario, viendo todas aquellas butacas vacías.

Llegó la hora de retomar las sesiones, los componentes de nuestros grupo fueron llegando poco a poco, y aproveché para tratar de comer algo y contar así con otro tipo de energía que no fuese la que me aportaban los nervios.

Se acercaba aceleradamente nuestro momento. 

También vinieron algunas compañeras de clase, Virginia, Elvira, Almudena y Sara, qué alegría y confianza me inspiró verlas allí, porque sabía que habían vivido la misma experiencia que nosotros, porque sabía que serían cómplices de nuestra representación, porque fueron caras conocidas desde el escenario.
Momentos antes de actuar ya estábamos todos, cada uno con nuestra máscara blanca, cada uno vestido de negro, cada uno en una butaca distante, sabiendo por dónde teníamos que subir, pero ninguno sabía qué iba a pasar.

Todos y cada uno de nosotros compartíamos las ganas de subir y expresar. Todos estábamos nerviosos. Nos habíamos responsabilizado con ello y queríamos hacerlo lo mejor posible. Y ahí estábamos, Elena, David, Sergio, Belén, Carmen y yo, tratando de llegar a la gente sin hablar. Compartiendo escenario, tiempo y experiencia.

Íbamos a arriesgar con nuestra exposición y éramos conscientes de ello. A pesar de sopesarlo, seguimos adelante.

Contábamos con que no podíamos saber cómo se iba a concebir aquello. Las inferencias que pudiesen darse podían ser tan variadas como personas había allí presentes.

Nadie sabía qué íbamos a hacer, ni siquiera Alejandro y Leonor como docentes nuestros. Para nosotros era como darles una sorpresa. Suponíamos que encontrarían conexiones entre la exposición y las experiencias vividas en clase, pero no eran más que suposiciones nuestras.

Al igual que también suponíamos que desde fuera se vería cierta transición, evolución, dinamismo… todo suposiciones nuestras.

La realidad que finalmente cada uno percibió desde su asiento es lo que realmente pasó.

Momentos antes de subir recordé el primer encuentro de innovación. Gracias en esta ocasión a Cristina Canabal, a quien también he de dar las gracias por ofrecerse a ayudarnos si lo necesitábamos. Aquel primer encuentro fue en la facultad de derecho y nos presentamos ante un montón de miradas que nos preguntaban sin hablar.
Entonces explicábamos las carpetas de aprendizaje con las que trabajamos, otra forma innovadora de llevar a cabo la docencia.

A Leonor y Alejandro, he de darles las gracias por invitarnos a contar nuestra experiencia en este cuarto encuentro.
Por haberse mostrado dispuestos a ayudarnos si les hubiésemos requerido y por habernos enseñado y dejado caminar por los caminos de la educación a través de sus dos trenzadas asignaturas.
Por habernos dejado libres de presentar lo que sentíamos, sin poner muros ni trabas a nuestras ideas. Por confiar en lo que íbamos a hacer, sin saber qué íbamos a hacer. Espero que saboreasen la puesta en escena y les haya llegado lo que queríamos expresar.

Teníamos dos opciones para exponer: arriesgar o no arriesgar.

Nuestra exposición era la última. Y llegó.

Nos presentaron, pero no estábamos en el escenario. Benja nos echó un cable y abrió los archivos que teníamos preparados (Gracias!)

Música, y una presentación con imágenes y pocas palabras que adherimos a ciertas fotografías.
No nos valía cualquier obra, ni cualquier fotografía, ni cualquier palabra.

Comenzamos a levantarnos de nuestros asientos según nos fue pareciendo, acorde a la música, nos dejamos llevar y comenzamos a recoger miradas.

Los nervios se concentraron tanto que parecían comprimirse, prensándose hasta incrementar las pulsaciones… para después esfumarse con el fluir del momento. Los nervios se dieron por vencidos ante la quietud y tranquilidad que tratamos de llevar en nuestros templados pasos.

Una vez en el escenario, antes de comenzar a movernos, allí parados, firmes, impasibles… se percibía un clima mudo, expectante.

La música… Un fragmento del primer movimiento del claro de luna de Beethoven (Sonata Op.27 nº2 1mvt) para abrir la actuación y Réquiem por un sueño para cerrarla. De una obra para piano a una obra interpretada por una orquesta. De una obra tocada en “pianissimo” a otra en la que se desarrolla un “crescendo” paulatino. De una música aparentemente serena, tranquila y frágil a otra que poco a poco va cobrando fuerza.

Las imágenes… De tonos grises a imágenes en color, de fotografías más extenuadas a otras más apacibles, de espacios cerrados a otros más abiertos…

Las palabras, tratando de apoyar lo que la imagen por sí sola podía decir, invitando a viajar, a reflexionar, a sentir, a vivir…

Música, imágenes y palabras expresaban.
Pero a ello le sumamos nuestra propia expresión corporal, lo que sentíamos.

Al finalizar, me sorprendió saber de varias personas que me dijeron haberse emocionado. Es difícil expresar qué se siente cuando alguien te dice esto por algo que acabas de hacer. Agradecimiento.
En parte es un sentimiento compartido. Porque lo entiendo, porque en ciertas ocasiones como espectadora yo también lo he vivido. Y es como si un manto mágico te absorbiese en una emoción de exaltación que solo las lágrimas parecen ser capaces de saciar
     ¿Hasta dónde estábamos llegando?
Parecíamos estar derribando un muro que muchas veces construimos al hablar.
El muro que tan quebradizo parece cuando lo atacamos con otras formas de expresión que van más allá de la palabra.


Otro de los momentos que personalmente me impactó sucedió al bajarme del escenario antes de volver a subir.

Fue como sentir que todos los allí presentes estábamos compartiendo un mismo momento, un mismo instante en el que parecíamos acariciar un secreto traslúcido, hechizados.
Como si todos hubiésemos conectado con algo por un momento. Inmóviles mientras finalizaba la música, casi aguantando la respiración de manera inconsciente, enganchados al tiempo...

    Quizá lo misceláneo de todo aquello, envolvió aquel final con un halo de encanto...
               ...Encanto plasmado en la dulce intensidad del silencio.

6 comentarios:

Alejandro dijo...

Precioso, excelente descripción, a la altura de lo que hicisteis. Más adelante te volveré a escribir.

Sólo quería expresar ahora esta primera impresión al leerte.

Alejandro

x dijo...

¡Guao..que descripción tan numinosa...¡Enhorabuena, cuanta belleza..¡

Momento mágico el sentirte a mi lado,o yo al tuyo.. al bajar del escenario y mirar las imágenes, escuhando la música y captando el eclipse de público, 10 segundos tocando el cielo..

De nuevo arriba en las mesas, habiendo acordado un orden que se destructura y de nuevo ahí sentada ,a tu lado, en absoluta complicidad..

En las fotos del encuentro con Cristina Cannabal (carpeta didácticas), ahí juntas, para la posteridad ..

Nuestro encuentro el primer día de matrícula de psicopedagogía,en la facultad de derecho.

Acabado este encuentro y al despedirnos:

" hasta el V ENCUENTRO, 1 placer "...

Un honor tenerte en mi vida, compartir nuestra vida académica,nuestra evolución desde nuestro 1er año de magisterio.

¡CRACIAS POR CREER EN LA MAGÍA, CREARLA Y ESCRIBIRLA¡

Nos vemos y seguimos...

1 beso

Pdta: MUY BUENA LA IMAGEN DEL CABALLO..CONECTADÍSIMA, FANTASTICAS EL RESTO..TODO

Anónimo dijo...

¡Hola!

Desde las tres de la tarde he estado deseando leer este post. La razón, Carmen nada más que me ha visto en clase me ha dicho: "Miriam, ha escrito"; cuando le pedí que me lo resumiese, me dijo que era imposible, era su viaje... con esas palabras, mi interés iba creciendo paulatinamente a lo largo de la tarde...hasta que de repente a las 9:20 de la noche, abrí la puerta de mi casa y me abalancé como una loca sobre el portátil, antes de descalzarme y ponerme cómoda... destino directo: canondepapel; me senté en el sofá, aún vestida y calzada y preparé mis exhaustos ojos a una agradable lectura... el cansancio de todo el día, no hizo que mi interés y mi vista se rindiese a los fornidos brazos de Morfeo ni siquiera por un instante... cada palabra me tenía expectante, me hacía revivir esa experiencia fantástica, me daba fuerzas y ganas, a pesar de su ausencia tangible...

GRACIAS POR TODO MIRIAM, POR COMPARTIR TU VIAJE CON NOSOTROS, POR ESA EXQUISITA SELECCIÓN DE IMÁGENES Y PALABRAS CON LAS QUE NOS HAS DELEITADO Y ALEGRADO EL DÍA (por lo menos, conmigo ha sido así, aunque por motivos diversos fuese a última hora...)

Besos!!

PD: Dentro de poco, mi blog también hablará del encuentro ;)

ARB dijo...

Miriam, fantástica y especial descripción, y no me extraña viniendo de ti. Me encantó poder compartir ese momento con vosotras y me alegra saber que el hecho de vernos alli te diera un poco de seguridad y confianza.
Reconozco, y ya lo comenté, que yo fui una de las que se emocionó, y no me avergüenza reconocerlo. Me encantó porque arriesgasteis y.... triunfasteis.
Felicidades!!

vir dijo...

Me encanta esa descripción tan pormenorizada... he podido revivir aquel momento y me he sentido parte de un todo, me he puesto nerviosa por los contratiempos con el sonido, por la inminente salida a escena, por cómo iba a interpretarse la presentación...

No sé si os lo he dicho, o sólo lo he pensado, pero me siento orgullosa de conoceros. Gracias.

Besos,

Vir.

leonor dijo...

Y qué puedo agregar, he vuelto a emocionarme a leerlo porque además se ve el proceso, se respira, se vuelve a conectar con esas imágenes, y reafirma la idea de qué detrás hay mucha reflexión, aprendizaje, sentimiento, afecto, interacción... y tal vez por ello lograron crear ese clima... y además que tanta gente se emocione... lo ví, me lo expresaron... Pero claro no solo había palanificación sino muchos constructos con los que construir y poner esa puesta en escena, como decía al escribirlo en mi blog, desde la butaca se veía mucho valentía, y que arriesgaron... enhorabuena.

Publicar un comentario