Probablemente son conocidas las piezas de LEGO, casi todos nosotros, si no ha sido por jugar con ellas, ha sido por haberlas visto alguna vez.
Han de unirse adecuadamente para que nuestra construcción tome una forma equilibrada y tenga sentido, porque ¿qué ocurriría si alguna de las piezas en la construcción no encaja?... Posiblemente podría desmoronarse, caerse o, simplemente, impediría continuar nuestro trabajo… ¿Y cómo solucionarlo?... Seguramente que con imaginación y creatividad podríamos conseguirlo, y poco a poco, podríamos ir construyendo nuestra obra. Es más, podríamos incluso modificarla, y si por lo que sea, no nos convence, hasta podríamos deshacerla y construir una nueva…
Una nueva labor que seguramente decidamos reconstruir cuando nos hayamos cansado de la antigua; porque ya no nos resulte atractiva, porque ya no supla nuestras expectativas…
Si pudiésemos con una varita mágica, dotar de cierto dinamismo a este juego, podríamos encontrarnos con piezas que, a pesar de ir cambiando en el tiempo, interactúan entre sí y además, encajan. Piezas que a pesar de tener su lugar, sus interacciones hacen que se creen fuertes puentes de conexión para fortalecer la construcción.
Quizá esto es algo que podría ayudarnos a comprender de una manera gráfica la construcción del currículo, y ver además, que en nuestro currículum, hay algunas piezas que no terminan de encajar… y que deberíamos de reconsiderar su posición.
En la construcción del currículo, como en el juego de LEGO, se “manipulan” elementos tratando de que encajen. Se hacen construcciones con esos elementos y, en ocasiones, no encajan las piezas y… terminan viniéndose abajo… ¿Cuál o cuáles serían esas piezas en el curriculum?
Por ejemplo; los alumnos. A ellos, como elemento y pieza clave, no se les ha tenido en cuenta. Al menos su posición no parece ser la más adecuada; no encajan con la escuela, no encajan con los profesores ni tampoco con los compañeros… La construcción no puede seguir funcionando así. Se necesita un cambio y, al igual que para el juego de LEGO, requerimos de cierta habilidad, destreza, manipulación y creatividad para reconstruir nuestro currículo.
Nos podemos preguntar qué pasaría si les pidiésemos a los alumnos que nos ayuden a construirlo. ¿Y si tratamos de que sean una pieza clave para que realmente encaje el curriculum?
Si, como dice Haergraves, a la hora de hacer participar a los alumnos del compromiso intrínseco con el aprendizaje, nos encontramos con tres problemas como son la pertinencia, la imaginación y el desafío, deberemos hacer estos tres problemas nuestros.
¿Cómo? introduciendo en la realización del currículo la pertinencia como principio en nuestro trabajo, la imaginación como componente fundamental y ¿qué mayor desafío que re-elaborar el currículo?
Pero, aún yendo más allá, ¿qué mayor reto que elaborar un currículo conjunto? Donde profesores y alumnos den y tomen opiniones, den y tomen experiencias, sientan y desarrollen su propio estilo de aprendizaje, juntos construyan su conocimiento…
¿Cómo conseguir la motivación por parte del alumnado si el sistema que se ha construido, no ha sido hecho con motivación? ¿Cómo despertar la imaginación y fantasía en el alumno si el currículo establecido es como un somnífero a sus ideas? ¿Cómo despertar el interés en los alumnos si no existe ese espacio?
¿Acaso no es mejor que los alumnos se sientan motivados intrínsecamente porque despierten en ellos intereses naturales que hacen que se ponga en marcha el motor para su aprendizaje?
Si esto fuese así, podríamos hablar entonces de integración curricular o, en términos de “fantasía”, podríamos decir que es un espacio donde las ideas viajan de dentro hacia fuera porque hay alguien que escucha, de abajo hacia arriba porque es abajo donde se plantan los cimientos, un espacio al que se le da vida porque se encuentra en continuo cambio en lugar de seguir guiones recetados, un mundo donde las planificaciones son conjuntas sin ofrecer control autoritario sobre las mentes de los jóvenes, donde la democracia se conoce práctica y no sólo teóricamente, donde no existan “pruebas estandarizadas” sino “aportaciones personales”…
Un cuento que pudiésemos comenzar a construir con un “Érase una vez…” en lugar de “Según el Real Decreto…” y terminase con un final tan enriquecedor como el sentir que el tiempo ha fluido a favor del aprendizaje, habiendo experimentado una inmersión absoluta en la creación del currículo integrado, como un cuento fantástico, como una realidad necesaria…
Y finalmente, me pregunto ¿podría ser real? Si respondemos que sí, me alegra enormemente, porque sería señal de nuestra conciencia ante la necesidad de cambio. Pero si respondemos que no… quizá haya que ir en busca de la magia y la imaginación que posiblemente por error, yacen en algún cofre cerrado… ¿Tenemos ilusión? Tenemos la llave...





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