viernes, 5 de febrero de 2010

Reflexión del bloque 1 (Diseño)

(Escrito el 19-Noviembre-2009)

El currículo puede parecer un esquema cerrado y poco flexible en apariencia, pero creo que es bastante moldeable en el momento en el que exista la posibilidad de poner en práctica una labor pedagógica. Sin ella, puede que no sea más que aquello que describe la LOE; el “conjunto de objetivos, competencias básicas, contenidos, métodos pedagógicos y criterios de evaluación de cada una de las enseñanzas reguladas en la presente Ley” (LOE/2006)
Sin práctica, el currículo es como un esqueleto. Un esqueleto al que hay que dar vida y forma, un esqueleto que el maestro ha de modelar y crear. Gracias a las interacciones que tienen lugar entre el profesor-alumno-familia-centro educativo-sociedad, y de cómo las canalice el maestro, el currículo podrá adoptar diversas identidades, pudiéndose hablar de un currículo “flexible”, “explícito”, “oculto”, “vivo”…

Si el currículo es una herramienta, será la mano del docente quien la coja y la use como crea que ha de hacerlo. Indico como “crea” porque cuando el docente tiende sus manos, recoge un instrumento, pero no sus instrucciones. Recoge un instrumento del que tiene que hacer uso. Como expone Contreras, a modo de instrucciones encontramos cursos de formación, charlas, conferencias o explicaciones de cómo se ha de usar o poner en práctica un currículo. Algo a lo que el docente trata de acudir para encontrar alguna respuesta factible a su gran interrogante ¿Qué hacer con el curriculum? ¿Cómo llevar el texto a la práctica? Pero la respuesta no está en los cursos o charlas, la respuesta ha de buscarse en el aula; con los alumnos y la práctica educativa, ya que como defiende el texto “un profesor aprende trabajando con su herramienta de trabajo (…) y no aprendiendo instrucciones de uso o recibiendo cursos donde adquirir nuevos conocimientos pedagógicos”

Cuando un maestro desarrolla su clase, habrá momentos, explicaciones, actos, actitudes… en las que, de manera consciente o inconsciente, este teñirá de valores. De sus valores y creencias, y esto formará parte del “currículo oculto o implícito” Durante las explicaciones puede que se ciña a que los alumnos entiendan cierta cuestión o contenido, bien por creerlo importante para su desarrollo educativo o bien porque lo exponga de manera explícita el texto curricular. Esta acción podría etiquetarse como “curriculo explícito”. Pero ¿No hay un curriculo vivo? Podríamos nombrar así al curriculo que está en constante cambio y desarrollo, el que se ha construyendo día a día y se alimenta de la práctica educativa.

En cuanto a la insatisfacción que trata el capítulo VIII de Jimeno acerca de la educación, la crisis educativa, inestabilidad, reformas que no terminan de madurar… quizá todo esto sean indicadores de la necesidad de cambio. La necesidad de preocuparse por conocer la realidad existente y desarrollar en base a ella una práctica educativa significante para el alumnado, escuchando sus necesidades e inquietudes. La sociedad va cambiando y la escuela ha de hacerlo con ella. A pesar de que la educación pueda entenderse como una actividad contrafáctica, no debemos perder de vista el carácter socializador de la misma, por ello, los contenidos y la manera en que se desarrollan deberían ser significantes para los alumnos y hacérselos llegar de la forma más natural posible.

Podemos analizar el currículo desde diversos puntos de vista y etiquetarlo según la función aparente que desempeñe, pero lo más importante es que puede ofrecer un espacio donde experimentar y del que aprender, bien como alumno, bien como docente. Es como un lienzo pedagógico sobre el que se puede tejer y entretejer la labor pedagógica, con el hilo del conocimiento y la puntada de la experiencia, para obtener así un cuadro al que bautizar con el nombre de “educación”.

0 comentarios:

Publicar un comentario